sábado, 19 de octubre de 2019

ROMÁNICAS I

    
 VERSIÓN EN RUMANO DE MI POEMA "MUJERES"



        Femei

 Sunt cele doua Fride, cea a durerii şi cea a forţei.

Cea care pulsează sângele roşu.

Cea care îşi văzu sângele revărsat pe versanţii piramidei îndărătnice a iubirii.

Cea-ntoarsă asupra rănii

Cea cu secretul pe buzele tuturor. Ambele Fride sunt eu.

Şi Emily în grădina-i cu flori tulburi,

senină şi selenară, amară floare de mac a limpezimii.

Şi acea Virginia cu ochi de alună

şi cea care trimite fulgerul

şi cea care clatină apele cu trupul ei adormit.

Ana cu tăişul de gheaţă peste inima înţepenită,

Rosalia împrăştiind ploaie de muşchi şi piatră în timp ce ascultă clopotele lui nicicând,

în timp ce frământă umbra neagră a nostalgiei cu hazardurile ei.

Anne la bordul albelor sale golfuri

şi ochii lui Carson

şi sarea din plămânii Alfonsinei.

În mine cuţitul din rana Alejandrei,

muşcătura de cadmiu, praful de puşcă pe limbă şi deşertul ei chimic.

Şi dezolarea părăsirii,

floarea brăzdată a bărbatului care pulverizează petala pasiunii Sylviei.

Sunt cele două Fride. Sunt toate femeile care au plâns.

Îmi închid pieptul unde sălăşluiesc cuvintele lor şi se adună aştrii ca nişte valize pline,

ca nişte refugii de vise într-o aşteptare zadarnică.

Întreaga lumină aici, lumina cea laşă şi ea.

Întreaga mea patrie aici, în ţarcul ei lichid.

Albia unei lacrimi care s-a revărsat din poem.

Întreaga ploaie sunt, limbajul şi apa;

oceanul în statura lui inversat.
                                                                              (Traducción de Catalina Iliescu)


Mujeres

Soy las dos Fridas, la del dolor y la de la fuerza.

La  que bombea sangre roja. 

La que vio su sangre precipitarse por las laderas de la terca pirámide del amor.

La vueltabajo en su llaga,

la del secreto a labios. Las dos soy.

Y Emily en su jardín de flores turbias,

clara y lunar, amapola amarga de la transparencia.

Y esa Virginia de los ojos de avellana

y la que arroja el rayo

y la que mueve el agua con su cuerpo dormido.

Esa Ana con la aguja de la nieve sobre el corazón yerto,

Rosalía lloviendo musgo y piedra mientras oye las campanas del ya nunca,

mientras amasa la sombra negra de la nostalgia y todos sus acasos.

Anne embarcada en sus bahías blancas,

y los ojos de Carson

y la sal en los pulmones de Alfonsina.

En mí el cuchillo de la herida de Alejandra,

la mordedura de cadmio, la pólvora sobre la lengua y su desierto químico.

Y la desolación del abandono,

flor ajada del hombre que pulveriza el pétalo de la pasión de Sylvia.

Soy las dos Fridas. Soy todas las mujeres que lloraron.

Cierro mi pecho donde van sus palabras y se recogen astros como maletas llenas,

como albergues de sueños en una espera inútil. 

Toda la luz aquí, también la luz cobarde.

Toda mi patria aquí, en su recinto líquido.

El cauce de una lágrima que desbordó el poema.

Toda la lluvia soy, el océano inverso en su estatura.

Agua y habla cautivas.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Naranjas amargas


HABLANDO CON LIBROS


                       NARANJAS AMARGAS

La lengua rota. Raúl Quinto. La bella  Varsovia 2019.


Abrir un libro es entreabrir una puerta. Entras sin saber bien cómo vas a salir de él, intacta o conmocionada, vacía o con la conciencia impregnada de un polen que alimentará otros versos con deslumbrado reconocimiento de deuda. Como escribe Basilio Sánchez, hay libros que son fértiles, pero eso no lo sabes hasta que sales de ellos.
Quizás por miedo a semejante aventura tan poca gente lee.
Abrir un libro fértil es, por tanto, placer y desafío. El riesgo se multiplica cuando toca materias de prestigio espinoso: como escamas radiactivas, como baba letal que empapa cientos de cadáveres de poetas, un libro de amor es, por ejemplo, tentación y suicidio diabético para muchos.  Como lo es todo lo confesional donde se canten y cuenten los latidos.
Incluso un libro donde el amor y lo confesional apuntan a los otros, a los zarandeados por la injusticia, a los ecos dolientes de las miles de voces marcadas con el hierro del silencio. Escribirlo es, entonces, morder una naranja silvestre. Su zumo agrio servirá como tinta.
Hace falta valor. Hace falta conciencia. Hace falta talento para salir ileso, aunque sea con la lengua rota.
Pero las lenguas dicen, se empeñan en decir. Ese es su don y ese su compromiso. Como lo frágil, como lo tenaz, insisten hasta quebrarse. Los añicos seguirán pregonando su verdad blanca.
Acallarlas ha sido empeño constante de cualquier forma de poder. Y entonces gritan aún con más fuerza, su onda expansiva se multiplica.


La lengua está rota y ensucia el blanco rostro del poder.

                                    Y dice.


¿Cómo permitir que avance la tiniebla?

Como en el mito de la Creación, de esa tiniebla van naciendo los días, los mares, los bosques, el trinar de los pájaros, el latido del hombre.

Los mapas, las fronteras, las casas,

las paredes, las cárceles. Lo dentro y lo fuera.

Lo redondo, lo encogido sobre sí mismo para proteger el centro. Para urgir una llave que abra, una llave refugio:


Una llave de hielo. La palabra

“mío” enunciando su desorden,

su estrategia sin mí.

                                    Se derrite

la cerradura, y estás fuera.



Y dentro  nunca hubo nadie.



En todos los fuera hay dedos crispados sobre las alambradas, ojos que reclaman un horizonte nítido y sin barreras que atravesar

el horizonte es la línea por la que camino.

En todos los dentro hay un clamor de alas cercenadas. Y la libertad se construye con las plumas caídas, tan leves como poderosas.

Pájaros que no nombran el alambre.

Campesinos, libertadores de todos los continentes, mujeres golpeadas, moriscos expulsados de los umbrales de su infancia, sentenciados por la química voraz desde antes de nacer, activistas de cualquier libertad hechos jirones de piel maldita y sangre…


Ya es de noche en el centro de la luz.

Algo. Alguien. La casa

entera como un órgano palpitante,

respirando, diciendo:tú, vosotros,



Ellos. Toda esa química,

Todo ese frío.



¿Qué sentido tiene la poesía en ese discurso de la muerte, entre esa asamblea de muertos cuyas voces se mezclan hasta desbordar el aire, cuyos ecos tiemblan siempre en el filo de la extinción?



Un poema solo puede ser una mancha. Una mariposa de Rorschach con alas afiladas.


Un idioma siempre al borde de la extinción.



La historia es larga, largo su dolor. El poeta pone sus ojos como puntos de luz sobre algunas heridas, sabiendo que la mirada ajena, la memoria de todos puede mitigar la crueldad, permite que rebrote la luz desde las grietas, sutura su hendidura.

La carretera de Almería es un adelante sin retorno:



Hacia adelante, siempre. La carretera es una fosa común y hay que avanzar

entre los muertos

sobre los muertos

desde los muertos

avanzar contra la muerte

porque la muerte

y a pesar de la muerte

y siempre hacia adelante por si la vida. Hacia el lugar donde nace el sol. Apenas. Acaso. Para arder allí.


La carretera que conduce a la mutilación y el espanto es un viaje circular. Su meta es ninguna parte. 
También las víctimas de la Talidomida hallan cobijo en este libro balsámico sobre la crueldad.

Para que no regrese.

Para que no permanezca impune.

Ante la impunidad la poesía se alza y se desgarra. Cuando la justicia ha ido perdiendo letras hasta pronunciar vacío, grita la poesía su ley digna con una lengua herida que arroja sangre sobre el rostro de la maldad.


Lame la pantalla. Lame este papel. Lame tus ojos.

Y lame tu lengua”.


Para que también tú, nosotros, escupamos, escribamos; y la sangre sea múltiple y amiga; rastro de la verdad entre las hienas del odio.

Así este libro en el que Raúl Quinto es capaz de plantar cara a lo que duele, hacer visible lo que evitamos mirar y construir. Y es, al tiempo, alta poesía.

jueves, 29 de agosto de 2019






 
 
 
 
 
 
 
 
13 naufràgios (+1). Carlos Ramos. Edições Fantasma 2019.

El nuevo libro de Carlos Ramos, poeta y fotógrafo portugués de Peniche, lleva un nombre nada casual: 13 naufràgios  (+1), pues alude y evoca los días pasados en el consolidado festival Poesía para Náufragos de Cuenca, de la mano de su traductor, el poeta Miguel Ángel Curiel.
Pero, además, entre ese y otros mensajes del naufragio poético asoma un intenso diálogo entre el mar y los ríos que estrechan el corazón de Cuenca. El poeta  es capaz de conjugar ambos lenguajes líquidos, como pueden dos cuerpos acunarse, fundirse, ser agua unísona. Lo salado, lo dulce, lenguas de sabor distinto. Largas lenguas que dan forma al último beso, al “primer gato / que salta sobre los hombros de la / madrugada”  (o primeiro gato que salta sobre os ombros da madrugada).

De esa fusión brota la amistad del mismo modo que brota la poesía. Porque el poema es un lenguaje y muchos, pero es también un cuerpo. Como cuerpo, padece el abandono y la carne desamparada, goza la plenitud del abrazo, es un olvido y un encuentro; como lenguaje, se sabe  y se debe compartir.
El poema es también un naufragio: todo su horizonte es océano, la inabarcable sal.

Y cicatriz de agua. Con él se cierran las desgarraduras  que abre la vida. Las sella y cauteriza con dolor, restaura lo que fuimos, reanima. Anticipa en palabras los recovecos húmedos de donde ha de nacer el nuevo yo.
Y el poema
que es voz en movimiento

bate las rocas como las bate el mar.
Dice Carlos Ramos que “escribir para la oscuridad / es un oficio de luces” (escrever para a escuridão / é um oficio de luzes).
Dice el poeta Carlos Ramos que escribe con una máscara en el rostro, invisible, inaudible

Si así no fuese
todo ardería. (Si assim não fosse/ tudo arderia).

 Pero ¿puede el poeta moldear las cenizas y construir con ellas nuevas noches de lumbre, días de niebla luminosa?
El poeta sabe que su labor es escribir la noche para que arda. Y para ello debe, como la mariposa de Goethe, prenderse fuego, convertirse él mismo en la llama, agua en llamas.

El náufrago fundido con el sol.

jueves, 20 de junio de 2019


HABLANDO CON LIBROS.
Intervalo. Ricardo Virtanen. Premio de poesía "José Luis Hidalgo 2018. Libros del Aire.
Intervalo tiene nombre de espera, de tiempo entre paréntesis, del transcurrir de una vida a otra vida. Cerrar y abrir en el breve latido de unos poemas capaces, eso sí, de contener un mundo entre sus pétalos.
Intervalo son luces y contraluces. Memoria en sangre viva y también la ensoñación que anticipa lo que está por venir. Pues nada, ni el dolor ni la dicha, es para siempre. Pues todo, lo que se ve y lo que se anhela con la mano tendida, puede concluir en espejismo. Bien lo sabe Ricardo Virtanen. Bien lo sé yo mientras lo escribo.

Lo que apuramos ebrios de confianza será la mala digestión de una noche. Brinca lo cotidiano con vocación de eternidad. Todo es tan próximo que cabe en la palma de la mano, en el frágil equilibrio de un cabello al borde de romperse.
Los ojos se entrecierran en su ver / no ver.

En ese lapso nace un mundo. En este intervalo entre la desaparición y el renacimiento, cuyo propósito es “inventar de nuevo la belleza”.
Intervalo tiene nombre de espera. La espera tiene forma de manzana.
Mordedla:

UNA MANZANA
La espera se halla sobre nuestra mesa.
Fue ayer un día inútil.
Casi no lo recuerdo.
 
La prisa se reafirma frente a abril.
 
Compramos unas pocas lombrices en la tienda
Y esperamos, eternos, en las rocas.
 
 Anochecía.
La lata derramada, el ruido de un avión.
Pensabas en silencio: ¿por qué el cielo
Se arruga a estas horas de la tarde?
 
 No recuerdas palabra alguna,
Ni tampoco su rostro pensativo.
 
 La espera se halla sobre nuestra mesa,
ahora tiene forma de manzana.
 
 Llevo viéndola el día entero.
Mañana acaso no se encuentre aquí.

La mirada es redonda.
El ojo apenas ve

todo lo que las aguas han cubierto.


Ricardo Virtanen