sábado, 5 de julio de 2014

A veces escribo poemas de amor


TÚ ERES TODOS LOS HOMBRES

 Te mueves. Vas, vienes; respirar agitado.

Ganas de hacer, una vida no basta. Las palabras son electrodos que sacuden de insomnio tus neuronas.

Vienes, vas, de pronto una caricia. Duermo y no duermo. Mis sentidos te acechan desde el no ser.

Te doy  mi paz, toma la languidez de mis músculos. Me relajo tras el abrazo y me adentro en una noche de relojes vencidos.

Vienes, vas, respiras. De tu respiración brota un árbol, sus raíces en tus alveolos; asciende su ramaje hasta rozar el techo.

De las ramas penden los sueños que no dices, que acaso no imaginas.

Solo yo puedo verlos.

En esta noche no hablarán los pájaros. Lejanísimo rumor de coches, ciudad que vibra tan abajo, tan en sí misma en su rueda de historias.

Las sábanas sean nuestra ilusoria alfombra. Volar en ellas al viento de tu respiración, de mi enarbolada duermevela.

Apartando la noche que se ovilla en el vuelo.

sábado, 28 de junio de 2014

Sueño


He venido a morir, es a lo que he venido.

No a contemplar cómo caen las estrellas, espejos triturados de la noche más larga.

No a dejar que los ojos de las gacelas doblen por mí desde su rendición.

No he venido para la mansedumbre ni a recoger las hojas de un otoño anticipado en los gritos, en los estertores ácidos de un día que no dejará historia.

Tampoco yo la dejo en este lienzo de tarde,

tendida con las venas abiertas,

anegando la hierba

seca, el tronco sajado de la encina de infancia que me abraza.

He venido a morir. En el silencio con que muere el insecto pisado por la vida,

con que mueren los árboles en esplendor de incendio.

Con que los días mueren, sangre del horizonte y luego oscuridad.

Grillos en la distancia, anchas ondas de luz desvaneciéndose.

Y luego bienamada oscuridad.
Nada que es ahora todo.
Hundirse en ella.
 

domingo, 23 de marzo de 2014


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
De cara al mar. Ir siguiendo su huella. Recordar un azul que tantas veces se me va de la mirada. Cuando los grises mandan, cuando los ocres trazan un sendero de escoria, de oruga que nada sabe aún de su destino alado.
Todo lo dice el mar si le pides respuesta.
Traza la primavera su perfil de mimosas en flor, su despertar de sangre. Y esta garra pequeña de pequeño dolor, esta zozobra herida que no sé mitigar se aplaca ahora, como la piel cansada al sumergirse.
Ven, primavera, haz tu milagro en mí. Da verde a esta cal agria, su sueño de cereza a la rama dormida.
Más que Belleza es desgarro que cobra altura. Más que desgarro es agua que devuelve a la tierra su limo de Belleza. Más que agua es vértigo de Belleza; y desgarro y limo y el dolor dibujando esta mañana indescriptible.
Esta amplitud de almendros, este cobertor blanco, este abrirse en espuma al infinito.
Así yo; mi retina cubre de nieve tierna la sombra de otros días.
Mientras escucho a Amancio Prada. Insólita simbiosis de dos mundos en una sola mujer. En este único canto.
 



sábado, 15 de febrero de 2014

Entra hasta el hueso la flecha de febrero,
hiende y afiebra desde el primer minuto;
alza su ala candente,
quiere hacer luz.
Abre la noche en dos: la que lame la herida,
la que la envuelve en sueño.
La que abraza impaciencia; la que bebe cicuta de esperanza.


lunes, 27 de enero de 2014

Ruta de tierra y alas



Hay un camino invisible que atraviesa Alicante, que dibuja una serpiente dormida entre el mar y la cal, sus ocres, sus azules, y finaliza allí, frente a la luz.
Esa luz que despiden, desde la Lonja del Pescado y hasta el 16 de febrero, dos colecciones, dos miradas, el torrente sanguíneo de dos artistas alicantinos que a nadie dejarán indiferente. “Metáforas”, de Esperanza Asensi y “La ciudad utópica”, de Fausto Morillas. Cemento y epidermis en apariencia opuestos, pero que constituyen las dos caras del hombre. El rostro bifronte de la creación.
De un lado el cuerpo. Volcado, exhibido, abierto, exultante de flores y de alas. Pájaros para los pensamientos, mariposas que nimban la emoción. Siempre el vuelo, Pegaso sobre el que alejarse de la insuficiente realidad.
Si la mujer es tierra porque en su vientre germina la vida, Esperanza Asensi es también aire; su mente tolera mal riendas y ligaduras. Y tampoco las pieles –su símbolo- se dejan encerrar en corsés. Las pieles se abren, las pieles recogen, las pieles brindan.
Piel concha, piel pétalo, piel sal, piel luminaria, piel aluvión de arena, trigo, párpado, pluma, sueño, ausencia, dolor. Fantasía sin hilos de cometa a la espalda. Pielmetáfora.
Abrir.

Mientras la mujer se alza, bebedora de soles, del otro lado el hombre encaja piezas y construye el refugio.
Adentro. Con hormigón, adobe o acero de coraza. Geometría, cuadrícula para ordenar el caos, para ponerle puertas al campo de la vulnerabilidad.
Aunque fuera de la ciudad, de su cemento frágil, aún respira la selva.

Cerrar.
Dos búsquedas. Dos rutas: tierra y alas, laberinto y espacio diáfano, mirada de frente y ojos agachadizos. Hurtar. Rendir. Prisión e inmensidad.
La luz amortece. El fuego del sendero invisible se atenúa también.
Si solo hay una ida, son varios los regresos para quienes salen de la Lonja distintos de como entraron.
Cabe acercarse al borde de la espuma para rozar su enero. Para temblar envueltos en un vértigo de mariposas. Para ascender en ellas.
Cabe adentrarse en la ciudad durmiente a escuchar el gemido de engranajes y zócalos, la música callada de las mamposterías, la invitación de la cárcava, la sima que cobijó los miedos y preguntas del hombre primitivo. Del hombre de ayer y siempre, perdido en su orfandad.
Cabe volver a casa.
Con unos ojos nuevos. Con un nuevo lenguaje.

sábado, 25 de enero de 2014


Despertarte en medio de la noche,  enterrada en silencio.
No recordar quién eres. De qué te dueles.
No hay más sentido que el tacto. Tibieza amniótica. Casi no ser.
No hay más idea que este desprendimiento de la vida.
 
Dejar atrás. Flotar sin peso, sin lastres, sin oxígeno.
Paladear la noche más oscura del alma hasta que la conciencia perfora su cartón.
Hasta que el buitre clava en ti su amanecer voraz.
Lo que nos da la vida mata también. Las palabras que sanan inoculan veneno.
 

Y ya eres tú. Y el día es día. Y el dolor permanece.

martes, 14 de enero de 2014

Homenaje a Juan Gelman

       I.  EN EL LAMENTO

 
    Caen los pétalos,
    eternidad de lluvia sobre lluvias de antaño,
    llanto multicolor de rosa
    sencilla, rosamente desmembrada.

    Cae la palabra “mundo” al calcinarse
    y al instante se vuelve
    a erguir
    fundándose, des-
    palabrándose de puro perder peso.

               Volar
               aire
               volaire en golondrina y
               vuelta a caer.

 Y así caemos. De la infancia a la infancia. Terreno desbrozado por el tiempo.
Línea inrecta, insumisa.

De amor a amor caemos. Agua que no es la misma ni saciara
toda la sed de amar,
su devanar serpiente e infinito.
De la muerte al no ser:
ojos que aguardan desde su niebla antigua y niebla nueva
o ni siquiera aguardan
su no ser para no.

 Y desde ese cayendo
pedir la rebeldía, su desorden
que ordena al fin el mundo.

Ser Juan Gelman,
su innumerable quién.

       
          II.   EN EL CANTO

 
Es en el canto
donde la rosa se abre y hágase la rosa
donde el amor se enrama, sigiloso,
pulpa en su flor.
En donde ser por fin, recuperarse
sobre lo devastado,
reser, nacer de nuevo en una piel distinta,
renacer cada noche con la conciencia intacta.
Agua que da su espejo de prodigios.
Amor que alcanza y arde en zarzalumbre.
 
Y la luna no dice. Y la ventana
ciega no dice no.
Amaga y da y no dice.
Siempre lo mismo: un rastro goteante-
goteado, que arrastra inútilmente,
desmesurada
mente su no saber.
Mientras, la Tierra insiste en su latido,
punta de flecha que se ahonda en el canto.